Comprendiendo
Comprendiendo la
racionalidad del sistema político latinoamericano
Luis DALLANEGRA
PEDRAZA
Pareciera que no existe una concatenación entre la
América Latina económica y la América Latina política.
Por un lado, la región ha alcanzado niveles de crecimiento de su producto bruto importantes, una relativa estabilidad económica, una creciente confiabilidad por parte de los inversores internacionales, ha crecido como mercado consumidor y avanza lenta pero firmemente en la generación de procesos integrativos que facilitarán la realización de comercio y negocios.
Sin embargo, desde la perspectiva política y social, se observan ciertas situaciones preocupantes que hacen temer por el futuro de los países de la región. El gobierno norteamericano ha hecho público un informe, en el que prácticamente se predice que Colombia en el término de cinco años, puede transformarse en un “narco-Estado”, debido a la acción de los narcotraficantes y de la guerrilla que controla gran parte del país.
En Brasil la noticia más importante es la creación de un “ejército privado” por los “fazendeiros” que se han visto perjudicados por la toma de tierras por el grupo de los “sin tierra”, mientras que el ejército oficial brasileño pareciera encontrarse en un letargo de indecisión y oficialmente no dar respuesta, a la vez que el gobierno tampoco tiene una respuesta política a tan importante situación que tiene que ver con una histórica lucha por realizar, o no, la reforma agraria.
En México el gobierno no logra resolver, ni militarmente ni políticamente, el problema de Chiapas, generándose situaciones de derechos humanos que toman estado público mundial, sin alternativa de encontrar una vía pacífica. A esta situación habría que agregar el creciente disconformismo social generado por situaciones de desempleo y pobreza crecientes derivados del ingreso de México al NAFTA.
En Chile, cuyo modelo económico es ponderado por el FMI y otros organismos internacionales, a la vez que por gobiernos del mundo industrializado, hay una “pulseada” política entre el gobierno y Pinochet, dejando la imagen de que, en el mejor de los casos, el presidente Frei alcanza a controlar el 50 por ciento del país, en temas que tienen que ver con la administración de asuntos vinculados a comercio y relaciones comerciales internacionales, pero nada con lo militar, u otros temas que tienen que ver con derechos humanos y manejo de la justicia.
En el contexto del MERCOSUR, los dos socios más importantes, Brasil y Argentina, mantienen disputas permanentemente debido a problemas comerciales mutuos, a la vez que, la posición respecto de la creación de un Area de Libre Comercio Americana (ALCA) es diferente, según la perspectiva del presidente Fernando Henrique Cardozo o del presidente Carlos Menem.
Para Cardozo, primero habría que fortalecer el MERCOSUR, e incluso crear un Area de Libre Comercio Sudamericano (ALCSA) para negociar desde una posición más fuerte la creación de un ALCA. Para Menem, debería crearse un ALCA ya. Considera al MERCOSUR un área de negocios importante, pero tiene preferencias por estrechar vínculos comerciales con Estados Unidos, en la creencia de que esto le traerá mayores ventajas.
El gobierno chileno ha manifestado reiteradamente su interés por el ingreso al NAFTA, con la expectativa de que el presidente norteamericano pudiera contar con el “fast track” (vía de decisiones rápida) para oficializar de la manera más rápida posible su ingreso. El gobierno argentino de Menem en reiteradas oportunidades manifestó el interés de ser el siguiente país, después de Chile, para ingresar al NAFTA.
La Cumbre de Presidentes Americanos (abril 1998) pareciera que se vio ensombresida, atendiendo a las expectativas manifestadas por los gobiernos latinoamericanos, debido a que el presidente Clinton no fue autorizado por el senado norteamericano a utilizar el fast track. Con esto, los latinoamericanos demostraron una vez más que su política, es ver qué es lo que pueda darles Estados Unidos, en vez de tener un proyecto propio de desarrollo, comercio e inserción internacional.
En los 38 años de historia integracionista que tiene América Latina, no se ha alcanzado un mínimo nivel de coordinación de políticas, en ningún nivel: comercio, defensa, relaciones exteriores, solución de la problemática social; etc.
Hoy es un área de negocios importante, disputada por la Unión Europea (UE), que ve con preocupación la creación de un ALCA, ya que teme que Estados Unidos le pueda sacar ciertas ventajas a los acuerdos que ya han celebrado con el MERCOSUR. Por su parte, al gobierno norteamericano le preocupa el estrecho relacionamiento que se viene dando entre MERCOSUR y UE. Hay que considerar que Estados Unidos ha sido históricamente un país con vocación aislacionista. Siempre generó alianzas, pero se reservó el derecho de mantener su independencia. Sin embargo, con el fin del sistema bipolar y la desintegración de la URSS, se encontró con que tiene que competir bis-a-bis con la UE y con el mundo asiático, por lo que, de manera inédita, decidió generar un bloque económico que le permita maximizar sus posibilidades. El NAFTA es el primer paso y el ALCA será el segundo.
¿Cuál será el rol de América Latina en ese ALCA? ¿Cómo se creará? ¿Será la resultante de la convergencia y puesta en común de los procesos existentes, o se creará desde cero independientemente de los procesos habientes? Estos temas han sido manifestados como una preocupación central, por el Secretario de Comercio Brown en la Cumbre de Presidentes Americanos celebrada en diciembre de 1994 en Miami; sin embargo, aún no se ha inciado una discusión seria al respecto.
Entretanto, América Latina, más allá de ser una región geográfica y una crecientemente importante área de negocios apetecible para la UE y para Estados Unidos, no existe como un sistema político. Sus gobiernos se reunen pero nada tienen en común ni pareciera que quisieran tenerlo, salvo a través del “vértice” de su relacionamiento con Estados Unidos en el ALCA.
Por un lado, la región ha alcanzado niveles de crecimiento de su producto bruto importantes, una relativa estabilidad económica, una creciente confiabilidad por parte de los inversores internacionales, ha crecido como mercado consumidor y avanza lenta pero firmemente en la generación de procesos integrativos que facilitarán la realización de comercio y negocios.
Sin embargo, desde la perspectiva política y social, se observan ciertas situaciones preocupantes que hacen temer por el futuro de los países de la región. El gobierno norteamericano ha hecho público un informe, en el que prácticamente se predice que Colombia en el término de cinco años, puede transformarse en un “narco-Estado”, debido a la acción de los narcotraficantes y de la guerrilla que controla gran parte del país.
En Brasil la noticia más importante es la creación de un “ejército privado” por los “fazendeiros” que se han visto perjudicados por la toma de tierras por el grupo de los “sin tierra”, mientras que el ejército oficial brasileño pareciera encontrarse en un letargo de indecisión y oficialmente no dar respuesta, a la vez que el gobierno tampoco tiene una respuesta política a tan importante situación que tiene que ver con una histórica lucha por realizar, o no, la reforma agraria.
En México el gobierno no logra resolver, ni militarmente ni políticamente, el problema de Chiapas, generándose situaciones de derechos humanos que toman estado público mundial, sin alternativa de encontrar una vía pacífica. A esta situación habría que agregar el creciente disconformismo social generado por situaciones de desempleo y pobreza crecientes derivados del ingreso de México al NAFTA.
En Chile, cuyo modelo económico es ponderado por el FMI y otros organismos internacionales, a la vez que por gobiernos del mundo industrializado, hay una “pulseada” política entre el gobierno y Pinochet, dejando la imagen de que, en el mejor de los casos, el presidente Frei alcanza a controlar el 50 por ciento del país, en temas que tienen que ver con la administración de asuntos vinculados a comercio y relaciones comerciales internacionales, pero nada con lo militar, u otros temas que tienen que ver con derechos humanos y manejo de la justicia.
En el contexto del MERCOSUR, los dos socios más importantes, Brasil y Argentina, mantienen disputas permanentemente debido a problemas comerciales mutuos, a la vez que, la posición respecto de la creación de un Area de Libre Comercio Americana (ALCA) es diferente, según la perspectiva del presidente Fernando Henrique Cardozo o del presidente Carlos Menem.
Para Cardozo, primero habría que fortalecer el MERCOSUR, e incluso crear un Area de Libre Comercio Sudamericano (ALCSA) para negociar desde una posición más fuerte la creación de un ALCA. Para Menem, debería crearse un ALCA ya. Considera al MERCOSUR un área de negocios importante, pero tiene preferencias por estrechar vínculos comerciales con Estados Unidos, en la creencia de que esto le traerá mayores ventajas.
El gobierno chileno ha manifestado reiteradamente su interés por el ingreso al NAFTA, con la expectativa de que el presidente norteamericano pudiera contar con el “fast track” (vía de decisiones rápida) para oficializar de la manera más rápida posible su ingreso. El gobierno argentino de Menem en reiteradas oportunidades manifestó el interés de ser el siguiente país, después de Chile, para ingresar al NAFTA.
La Cumbre de Presidentes Americanos (abril 1998) pareciera que se vio ensombresida, atendiendo a las expectativas manifestadas por los gobiernos latinoamericanos, debido a que el presidente Clinton no fue autorizado por el senado norteamericano a utilizar el fast track. Con esto, los latinoamericanos demostraron una vez más que su política, es ver qué es lo que pueda darles Estados Unidos, en vez de tener un proyecto propio de desarrollo, comercio e inserción internacional.
En los 38 años de historia integracionista que tiene América Latina, no se ha alcanzado un mínimo nivel de coordinación de políticas, en ningún nivel: comercio, defensa, relaciones exteriores, solución de la problemática social; etc.
Hoy es un área de negocios importante, disputada por la Unión Europea (UE), que ve con preocupación la creación de un ALCA, ya que teme que Estados Unidos le pueda sacar ciertas ventajas a los acuerdos que ya han celebrado con el MERCOSUR. Por su parte, al gobierno norteamericano le preocupa el estrecho relacionamiento que se viene dando entre MERCOSUR y UE. Hay que considerar que Estados Unidos ha sido históricamente un país con vocación aislacionista. Siempre generó alianzas, pero se reservó el derecho de mantener su independencia. Sin embargo, con el fin del sistema bipolar y la desintegración de la URSS, se encontró con que tiene que competir bis-a-bis con la UE y con el mundo asiático, por lo que, de manera inédita, decidió generar un bloque económico que le permita maximizar sus posibilidades. El NAFTA es el primer paso y el ALCA será el segundo.
¿Cuál será el rol de América Latina en ese ALCA? ¿Cómo se creará? ¿Será la resultante de la convergencia y puesta en común de los procesos existentes, o se creará desde cero independientemente de los procesos habientes? Estos temas han sido manifestados como una preocupación central, por el Secretario de Comercio Brown en la Cumbre de Presidentes Americanos celebrada en diciembre de 1994 en Miami; sin embargo, aún no se ha inciado una discusión seria al respecto.
Entretanto, América Latina, más allá de ser una región geográfica y una crecientemente importante área de negocios apetecible para la UE y para Estados Unidos, no existe como un sistema político. Sus gobiernos se reunen pero nada tienen en común ni pareciera que quisieran tenerlo, salvo a través del “vértice” de su relacionamiento con Estados Unidos en el ALCA.
Revista SNCE/1998 - Buenos Aires, abril
de 1998
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Luis DALLANEGRA PEDRAZA. Doctor en
Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Profesor Titular de
Teoría de las Relaciones Internacionales y de Sistemas Políticos
Latinoamericanos Comparados. Investigador Científico del Consejo
Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la
Argentina.


